Para mejorar funcionamiento cerebral

Agua: hay que beber lo suficiente, porque a medida que pasan los años, disminuye la sensación de sed.

Por eso es importante estar tomando agua, para facilitar neurotransmisión y por supuesto, el desempeño de nuestra noble víscera.

Con solo 6 horas de sueño, la capacidad del cerebro baja en un 15%.

Y la hormona tiroidea es capital para el adecuado uso de energía por todo el cerebro. Si hay poca hormona tiroidea, que incluyen tiroxina y tironina, el consumo de energía baja, puede incluso llegar a surgir demencia.

 

El patrón emocional es un paquete.

Antonio Esquivias

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En la Educación Emocional se habla constantemente de emoción, de sentimiento, de gestionar la emoción, etc. Y se corre el riesgo de olvidar un dato importante: la emoción no es un elemento aislado ya que en la interioridad psíquica se da siempre como un patrón emocional. En esto sigo a Leslie Greenberg y su Terapia Focalizada en las Emociones y a su experiencia de toda una vida de trabajo emocional.

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El beso y el sexo

Dos mundos de emociones en colisión, siendo un gesto de lenguaje corporal cargado de emociones. En el otro extremo de la gama, por un beso también empezó el viacrucis de Nuestro Señor. Y la palabra tripa es lo más parecido y se relaciona a la profundidad de la sensibilidad, por eso la palabra neotestamentaria original en griego Esplacnisomai, “sentir con las tripas”, se relacionó con la “compasión”.

Antonio Esquivias

Resumen: el beso está integrado por ternura y sensualidad. Simboliza  la ternura y, por tanto, el afecto, la vinculación y ejerce una función de acercamiento y excitación sexual. El que besa imprime su intencionalidad en el beso. Sin la preparación de los besos y su concordancia con la entrega sexual, se introducirían disonancias en la relación y la persona no podría tener la seguridad de ser acogido. Se podría decir que el acto sexual es el último beso entre dos personas que se quieren, de ese modo se lo dicen todo. E s necesaria una educación en el beso, del contacto físico-afectivo con los demás

He hecho ya dos entradas sobre el beso y seguramente hay una pregunta esta ya aflorando a la mente: «¡Este hombre habla de todo menos de lo obvio!, ¡el beso tiene que ver con el sexo, es una de sus puertas de entrada!».

Para responder…

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La conciencia como conexión funcional

Investigadores de la Universidad de Vanderbilt, en Estados Unidos, han utilizado la teoría matemática de grafos (o de gráficas) para estudiar la conciencia en el cerebro. Lo han hecho porque la comunicación de la información entre diversas regiones del órgano conforma una red compleja, similar a la de las redes sociales o de las rutas de vuelo.

Sus resultados demuestran que, cuando somos conscientes de algo, el cerebro entero se vuelve más conectado (todas sus áreas se interconectan entre sí), y no solo se activan en él algunas regiones específicas.

La conciencia sigue siendo uno de los mayores enigmas de la ciencia, pues aún no se sabe bien cómo la produce nuestro cerebro. Por otra parte, la teoría de grafos es una rama de las matemáticas que estudia las interrelaciones entre los componentes de redes complejas, como las redes sociales o las rutas de vuelo de los aviones.

Buscando la comunicación

Según explica la Universidad Vanderbilt en un comunicado, las teorías modernas sobre las bases neuronales de la conciencia se dividen generalmente en dos campos: focal y global. Las focales sostienen que hay áreas específicas del cerebro que son fundamentales para la generación de la conciencia, mientras que las teorías globales defienden que la conciencia surge de cambios a gran escala en la actividad del cerebro.

Para llevarlo a cabo, los investigadores reunieron a 24 miembros de la comunidad universitaria y los sometieron a un experimento con fMRI (imagen de resonancia magnética funcional), que es una técnica que permite mostrar en imágenes las regiones cerebrales que ejecutan una tarea determinada.

Mientras los participantes eran sometidos a este escáner, se les pidió que detectaran un disco que aparecía brillando, brevemente, en una pantalla. Cada vez que esto ocurría, debían responder si habían podido detectar dicho disco, y el grado de confianza que tenían en su propia respuesta.

Los investigadores tomaron los informes de “alto nivel de confianza” como “pruebas de conciencia” y aquellos en que el disco ni siquiera había sido visto por los sujetos como “pruebas de inconsciencia”.

Con el escáner fMRI determinaron entonces qué partes del cerebro estaban activas en las pruebas de “conciencia” y en las de “inconsciencia”. Constataron que solo unas pocas áreas del cerebro mostraban mayor actividad durante la detección del disco que cuando este no había sido detectado.

Este punto ya había sido determinado en estudios previos. La novedad del presente trabajo es que en él, además, los científicos analizaron cómo dichas áreas cerebrales activadas durante las “pruebas de conciencia” se comunicaban entre sí.

La conciencia en la conexión entre redes

Este enfoque de red reveló que ninguna región de la red de áreas cerebrales destacó como más particularmente conectada durante la “prueba de conciencia”: cuando el disco fue percibido claramente, el cerebro entero se volvió más conectado.

Por tanto, señalan los investigadores, la conciencia parece romper la modularidad de las redes cerebrales: “Sabemos que hay numerosas redes cerebrales que controlan funciones cognitivas diversas, como la atención o el lenguaje, con cada nodo de cada red densamente interconectado con otros nodos de la misma red, pero no con otras redes. La conciencia parece romper esta modularidad de las redes, ya que hemos observado un incremento amplio en la conectividad funcional de todas ellas durante la conciencia”.

La conciencia como propiedad emergente

Los resultados sugieren que es probable que la conciencia sea un producto de la comunicación generalizada entre las diversas regiones cerebrales; y que sólo podemos informar de que hemos visto cosas una vez que estas son representadas en el cerebro de esta manera global.

También señala que no habría una parte del cerebro que sea el “asiento del alma”, como escribió René Descartes sobre la glándula pineal: la conciencia sería una propiedad emergente de la propagación, por todo el cerebro, de la información a actualizar. En otras palabras, sería fruto de la comunicación generalizada entre las redes cerebrales.

La conclusión recuerda a la definición de “yo” señalada por el profesor de ciencias cognitivas de la Universidad de Lund, en Suecia, Peter Gardenfors: el ‘yo’ sería un fenómeno emergente, una propiedad que surge de una red de funciones cognoscitivas relacionadas entre sí, según ha explicado el neurólogo Francisco J. Rubia.

También hace pensar en un estudio realizado en 2010 por investigadores de la compañía IBM. En este, los científicos elaboraron un mapa de la compleja red de conexiones neuronales entre las distintas regiones del cerebro de un macaco para tratar de ubicar en el cerebro algunos procesos cognitivos superiores, como el pensamiento y la conciencia. Se descubrió que el núcleo de dichos procesos en realidad no estaba situado en ninguna parte concreta del cerebro, sino que se extendía por diversas regiones, como el córtex prefrontal, el lóbulo temporal, el tálamo, el córtex visual y otras.

Una búsqueda multidisciplinar

La fascinante búsqueda de explicación sobre el origen de la conciencia continúa, en los últimos años gracias a las tecnologías que permiten observar al cerebro “en acción” y a la utilización de disciplinas diversas, como las matemáticas en este caso.

Sir Roger Penrose (Profesor Emérito de Matemáticas en la Universidad de Oxford) y Stuart Hameroff ‎ (anestesista y profesor de la Universidad de Arizona) están intentando también usar la física cuántica para comprender la conciencia.

Con ella han intentado determinar si esta evolucionó a partir de procesos complejos entre las neuronas del cerebro –como defienden la mayoría de los científicos- o es “previa” a los procesos del cerebro, es decir fruto de una estructura cuántica ‘proto-consciente’ que le habría “dado forma”.

El físico norteamericano David Bohm ha propuesto por su parte que, al igual que la materia genera estados macroscópicos de coherencia cuántica, el cerebro podría aprovecharse de estas propiedades físicas y cohesionarse formando un todo.

Sobre libro: La cadera de Eva

El protagonismo de la mujer en la evolución de la especie humana

Crédito de imagen: http://www.paleontologia-nautilus.com/bibliografia/cadera_eva.htm

Libro del fisiólogo español José Enrique Campillo Alvarez, Editorial: Ares y Mares, Páginas: 287, Año: 2005
La evolución que hemos tenido los humanos como especie depende de nuestro medio biológico, nuestro medio social y nuestro medio cultural.

Porque hay muchos cambios en los recién llegados a la escena de los homínidos.
El marco geográfico es importante, porque empiezan a vivir en una sabana. La sabana tiene extensos pastizales, pocos árboles.  Los homínidos deben recorrer largas distancias para conseguir agua y alimento, son susceptibles al ataque de depredadores, de modo que tienen que ser rápidos, la posición bípeda ayuda a ver mejor a más distancia, como lo hacen los suricatas.

En el marco biológico hubo muchos cambios.

  • La marcha bípeda tiene que ser más rápida, el hallux o dedo gordo del pié se desplaza más hacia adelante, para permitir este paso rápido.
  • La cadera empieza a volverse más ancha.
  • La posición del útero pasa progresivamente a ser perpendicular frente al canal del parto.
  • Los agujeros pélvicos se vuelven más grandes, para permitir el paso del cráneo del bebé por el canal del parto.
  • La vagina migra hacia adelante.
  • Los tiempos de embarazo se vuelven más largos
  • El proceso de parto se vuelve más laborioso, porque para poder pasar a lo largo del canal de parto, el bebé debe girar varias veces, flexionar su columna excesivamente.

Desde un punto vista biológico, aquellos temas relacionados con el sexo empezaron a tener importancia particular. Las relaciones sexuales cambiaron también en su dinámica, esto impacto el escenario social porque los grupos solían tener bastante promiscuidad. Esto garantiza aceptación por parte de los diferentes machos del grupo, se evitaba el infanticidio que se vé en gorilas por ejemplo.
Los genitales externos femeninos ya dejaron de mostrar cambios externos al momento de tener ovulación.

La consecución de alimentos y calorías se hizo más difícil en la sabana. Hubo que escoger dos opciones principales, raíces y tubérculos y ser carroñeros. La caza no era tan fácil. Se empezaron los cambios metabólicos para acumulación de grasa al estilo de las focas, en el tejido celular subcutáneo, lo cual resultó en el crecimiento de las glándulas mamarias. Y el tejido graso en las mujeres es particularmente susceptible a las hormonas sexuales, con lo cual senos y caderas prominentes son fenotipo de niveles elevados de estrógenos, es decir, mejor capacidad reproductiva.

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Crédito de imagen: https://pixabay.com/es/mujer-sexy-al-aire-libre-chica-428896/

La actividad carroñera sobre los restos de caza dejado por felinos y otros cazadores, hizo que comieran tuétano y cerebro, con un gran aporte calórico, que no podía ser suministrado sino por una ingesta continua de tubérculos. Esto ayudó para el crecimiento cerebral.

La búsqueda de alimento obligó a desplazamientos, hasta que en el medio geográfico africano de los lagos Tanganika, Malawi y Victoria, se pudieron establecer y conseguir abundante pescado, rico en el ácido graso docosahexanoico o DHA.

El cerebro empezó a crecer como en ninguna otra especie ha ocurrido.

La cadera tuvo adaptaciones adicionales de volverse más oblicua para permitir el paso de una cabeza más grande.

En el marco social hubo también cambios, que se manifestaron en el momento del parto, en la conducta sexual, en la crianza de los jóvenes, en el papel del aloparentazgo o refuerzo a las figuras paternas por parte de abuelas, tías.

El parto dificultoso hizo necesaria la presencia de otras hembras, que fueron obstetrices o asistentes del parto. Las parteras tienen antigüedad desde aquellos remotos tiempos.

Las hembras que ayudaban solían ser las mayores del grupo, incluso las abuelas del grupo.

La duración de la gestación y los elevados recursos que toma la crianza hicieron que las hembras buscaran machos que estuvieran presentes la mayor cantidad de tiempo.

Para conseguir apego y lazos emocionales duraderos (pair-bonding) los coitos empezaron a ser más frecuentes, casi que a diario y en forma independiente del estro o celo. Y fuera de eso, con coito “cara a cara”, lo que permitió verse y besarse, lo cual también reforzó el apego e hizo que surgiera poco el “enamoramiento”. Y en la estructura cortical cerebral hubo cambios que permitieron el estado modificado de conciencia llamado orgasmo.

Los costos biológicos y energéticos de la crianza, repercutieron en el sistema endocrinológico de las hembras de modo que empezaron a haber episodios de menopausia.

La menopausia hizo que surgiera el apoyo social de las “abuelas”, lo que posibilitó un período de educación y transmisión de experiencia más extendido.

La experiencia de las abuelas empezó a crear un matriarcado que tuvo más impacto cultural en los núcleos sociales y ayudó a la multiplicación de la cultura.

El tamaño de los nuevos cerebros hizo que los gestaciones fueran más largas. Y que los cerebros tuvieran un largo período de desarrollo posnatal.  En el desarrollo posnatal lo que se agregaba al cerebro del infante, eran las conexiones que tomaban períodos de maduración hasta de 23 años. Lo cual creó de paso, la especie con la niñez más prolongada en la escala biológica.

Temas relacionados: Libro: El comportamiento animal del hombre, por David Barash.
Hombres – El sexo débil y su cerebro, por Gerard Hütler.

Noticias del mundo de la medicina en:  https://alejandromeloflorian.wordpress.com/

Sobre libro: El comportamiento animal del hombre, por David Barash.

Libro 44 de 2015

Dicen Carl Sagan y Ann Druyan en Sombras de antepasados olvidados, que no somos babuinos, o ratones, o gorilas, pero algo en nuestro interior, nuestra carga genética de inmemoriales generaciones está allí tras bambalinas, haciendo como dijera el neoplatónico Plotino, que estemos a mitad de camino entre los ángeles y las bestias. La sociobiología es una rama relativamente joven de la ciencia, que aplica conceptos de biología para explicar la dinámica social, elementos de la selección natural de Darwin a los sistemas sociales.

Y aunque en muchos modelos animales se ha demostrado que la conducta tiene una explicación genética y en algún momento de la “maduración” de la ciencia se intentó parangonar esta situación con los humanos, lo más recientemente aceptado es que lo genético tiene poca influencia conductual en el ser humano. Es decir, el libre albedrío y nuestra conformación como seres sociales, inmersos en un medio cultural y manejando un lenguaje como un avanzado mapa, para poder tener conceptualizaciones, nos ha permitido a los humanos como especie tener un comportamiento que está más allá del marco de lo genético.

No obstante, hay algunos matices interesantes para tener en cuenta, que resalta la sociobiología y que están profundamente relacionados con el tipo de conducta sexual humana: somos la especie con la niñez más larga que hay en la escala biológica, lo cual implica la presencia de madre y padre, incluso con auxilio aloparental[1] de abuelos, para que este ser en formación pueda adquirir la mayor experiencia posible. Y esto implicó desde un principio algunas digámoslo así, “especializaciones” de los progenitores. Mientras el hombre salía a cazar y buscar sustento, fue desarrollando habilidades cinegéticas de caza, de colaborar con otros hombres efectivamente para poder cazar un animal mucho más grande como un mamut, o mucho más veloz, como una cebra, o un venado. Debía movilizarse bastante y conocer muchas referencias geográficas para poder llegar a los cotos de caza, por lo cual los hombres suelen tener el “mapa en la cabeza”. Y las mujeres, además de dar lactancia, debían prestar atención a muchos detalles al mismo tiempo, de la preparación de los alimentos, de compartir cuidado de otros niños, de velar por sus propios hijos, que no se hicieran daño por una curiosidad inapropiada o comieran alimentos venenosos, y un largo etc. que todos los que han convivido con chicos saben que hay detrás de la crianza.

La clase de los mamíferos, se caracteriza por alimentar a sus crías con la leche producida por las estructuras especializadas que son las glándulas mamarias. En el museo Smithsonian, cuando describen a los mamíferos adicionalmente indican que suelen tener pelo y una especialización de órgano en su oído interno, para conservar el equilibrio y poder escuchar mejor.

Innegablemente el ser humano es portador de su marco biológico de desarrollo como mamífero y el enfoque de la sociobiología llama la atención sobre el innegable moldeamiento que ha ejercido la naturaleza durante las varias decenas de miles de generaciones que ha habido sobre la tierra.

El cerebro de los hombres está más especializado en el manejo del espacio, asume riesgos con mayor facilidad, pasa a conducta agresiva con mayor facilidad (si ocurría una amenaza por un depredador, la conducta agresiva aumentaba las posibilidades de supervivencia), tiene menos inhibiciones en cuanto a buscar sexo, exhibiendo tendencia a la poligamia y a tener el mayor número de hijos, lo cual es útil cuando se vive en un tiempo en que las enfermedades infecciosas, el hambre, las diferentes contingencias del ambiente hacían muy difícil que un niño llegara a ser adulto.

Recordemos que solamente hasta el siglo XX, el control de las infecciones por medio de antibióticos logró tener el profundo impacto de lograr aumentar la esperanza de vida.

Y ahora, miremos los matices de la sociobiología en cuanto a la conducta sexual femenina en la mujer. La experiencia le ha enseñado que el embarazo y el parto son dolorosos y que en el parto particularmente puede morir. El precepto bíblico de “parirás con dolor” lo confirmó algunos eones más tarde, y de hecho la hembra humana tiene las mayores posibilidades de muerte por complicaciones del parto, cuando se compara con otras especies. Las razones? La postura bípeda cambió la configuración del canal del parto en la pelvis, haciendo que se volviera más estrecha (de hecho en anatomía los diámetros limitantes para el paso de la cabeza del bebé son los estrechos pélvico superior e inferior), entonces podían pasar muchas complicaciones o “distocias”[2], en la cual el bebé no era expulsado, podía fallecer, la madre sangraba continuamente, hasta que llegaba el triste final. Al imaginarse este panorama, ya es fácil imaginarse que una mujer si quiere ser madre, tiene que estar convencida de que vale la pena hacerlo; en conclusión, las mujeres son selectivas. La maternidad es muy costosa en términos biológicos, es el mensaje de la sociobiología, los óvulos son muy caros. De hecho quien invierte más en la concepción, igualmente se desgasta más rápido, por esta razón ocurre la menopausia en las mujeres, siendo un período predecible del devenir biológico femenino. Pero si piensan que hay ventajas en ser hombre, tampoco lo tienen fácil. Los espermatozoides son “baratos” en términos biológicos, en el volumen de una eyaculación los aproximadamente 250 millones que en promedio pueden estar, bastarían para fecundar a las mujeres de varias ciudades, si cada uno lograra su cometido…. de modo que al haber tanta oferta, los óvulos son “selectivos” en cuanto a quedarse con el “mejor”, que es el que ha sido capaz de atravesar el largo camino que tiene por delante, de hacerlo más rápidamente que sus competidores, algo así como si se corriera la distancia de una maratón pero a la velocidad de los cien metros contra reloj. Toda una hazaña, que nos coloca en la perspectiva de ganadores al estar acá!

Los genes buscan replicarse y los cuerpos son digámoslo también el “ensamble” o el vehículo para lograr este fin. La naturaleza busca la perpetuación de la especie y lo hace en escenarios contrapuestos.  Espermatozoides en pletórica abundancia, óvulos en numerada disponibilidad. Machos que mueren pronto, hembras que viven más. Machos que exhiben ruidosas conductas agresivas, hembras calculadoras de conducta conservadora, les es familiar este escenario? Sea en un zoo al ver la zona de los chimpancés, o una fiesta universitaria de graduación, los transfondos tienen mucha similitud. Aunque no somos chimpancés, ni ratones ni babuinos….

Entonces somos nuestros genes? Claro que sí. Pero somos solamente nuestros genes? Aquí la respuesta se empieza a volver más gris, porque también está el escenario epigenético de nuestro desarrollo cerebral, resultante de nuestra individual y única dotación genética, que juega con nuestro único e irrepetible medio externo, que hace que nuestra mentalidad sea única y este es el valor de cada ser humano, su individualidad y su irrepetibilidad.

El ser humano es siempre mucho más que la suma de sus partes y una de las enseñanzas que también tiene la sociobiología, es la del altruismo, que también tiene cabida para la generosidad, benevolencia y amplitud de espíritu, de tal manera que todo lo humano nos empiece a caber en la cabeza de una forma tal como si fuera parte de la propia familia (Barash D)[3].

[1] Del griego allós, extraño. La alopaternidad es básicamente cuando otros padres diferentes a los biológicos cuidan a los hijos, un fenómeno que el biólogo, fisiólogo y biogeógrafo Jared Diamond describe como una situación muy común en las sociedades tradicionales de cazadores y recolectores. La aloparentalidad puede definirse como el desempeño cooperativo de una persona para la crianza de otra que no es propiamente su hijo, una cooperación ancestral entre madres que se asegurarian recursos en sobre todo tres casos: 1) la violación, 2) la desaparición o desinversión del macho proveedor o 3) la muerte del macho proveedor. Algunos conceptos etológicos para mayor claridad: Alopariente : Individuo que ayuda a los progenitores en el cuidado de los jóvenes. Cuidado aloparental: Asistencia por parte de individuos distintos de los progenitores en el cuidado de la prole.  El comportamiento puede mostrarse tanto en hembras (cuidado alomaternal), como en machos (cuidado alopaternal.) En http://www2.udec.cl/etologia/Glosario.html

[2] Del griego dys-, ‘dificultad‘; y el griego tókos, ‘parto‘). Parto difícil.  Alteración o interrupción del curso del trabajo de parto o del parto. Puede ser de origen fetal, ovular o materno (mecánico o dinámico). En http://dic.idiomamedico.net/distocia

[3] Barash D. El comportamiento animal del hombre. Editorial ATE, 1981. Barcelona, España. pp 219.

Temas relacionados:
Libro: La cadera de Eva, por José Enrique Campillo Alvarez MD. 
Hombres – El sexo débil y su cerebro, por Gerard Hütler.

Material original del autor. Licencia de autor Creative Commons (Reconocimiento - No Comercial - CC by-nc)

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El centro cerebral del placer

Contenido traducido, tomado de blog http://alfre.dk/the-pleasure-center/

En 1954, dos jóvenes neuropsicólogos cometieron un error al implantar un electrodo en el cerebro de una rata, un error que involuntariamente llevó a un descubrimiento importante.

Uno de los dos era Peter Milner, un estudiante de doctorado de la Universidad McGill. En ese momento, él estaba poniendo a prueba la teoría de que las ratas podrían ser motivadas mediante la estimulación de la formación reticular, una zona anatómica especial en el tronco cerebral.

Sus ratas corrían a través de un laberinto en T. Cada vez que la rata eligió uno de los dos caminos a tomar, un choque sería enviado a una zona especializada llamada “formación reticular”. Era la esperanza de Milner que las ratas podrían asociar su elección con el estímulo supuestamente gratificante, de modo que seguirían eligiendo el mismo camino en futuras aproximaciones. En cualquier caso, Milner no tuvo mucho éxito en su experimento. En lugar de girar hacia el camino por el que recibieron la estimulación, las ratas por unanimidad  evitaron ese lado. Evidentemente, la estimulación evocó un sentimiento negativo en lugar de excitación, como Milner había esperado.

Fue en ese momento que a Milner fue presentado James Olds, un joven psicólogo social de la Universidad de Harvard con un interés en el estudio del cerebro; que estaba buscando a alguien como Milner para que le ayudara a empezar en su trabajo de campo.

Pero el trasfondo de psicología social de Olds fue retirado bastante lejos de la psicología fisiológica del laboratorio de Milner, y Milner se mostró escéptico de que este nuevo recluta pudiera ser de alguna utilidad. Sin embargo, le dio una oportunidad.

Olds resultó ser un alumno brillante: rápidamente, a una semana de serle dado un atlas y libro de anatomía cerebral de la rata, su conocimiento del cerebro de rata destronó al del propio Milner. Pronto, se le dió la tarea de implantar los electrodos en los cerebros de las ratas, siguiendo las instrucciones del Milner.

Este método de implantar el electrodo, sin embargo, era un procedimiento delicado que requería manos firmes y paciencia. Aunque produjo resultados razonablemente consistentes, fue un proceso largo y con mucho margen de error.

Después de practicar con unos electrodos, Olds era lo suficientemente competente para realizar la operación de forma independiente. Pero en esta independencia, hizo algunos ajustes al procedimiento: utilizó alambre de calibre más pesado, y no esperó tanto tiempo para que el adhesivo del electrodo se secara por completo antes de doblar los cables en la orientación deseada. Estos podrían haber parecido ajustes inofensivos en el momento, pero los pequeños cambios en los procedimientos delicados no siempre son tan inocentes.

Una rata Curiosa

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Crédito de imagen: tomada de blog 

https://trojantopher.wordpress.com/tag/peter-milner/

Fue con una de las ratas de Olds que algo muy peculiar pasó. Cuando se estimuló, esta rata se detuvo, empezó a oler y buscar mientras se movía. Tan pronto como el estímulo fue cortado, volvió a su comportamiento normal. Esto estaba en marcado contraste con todas las ratas anteriores que probaron-que podían controlar su movimiento, dando una corta ráfaga de estimulación cada vez que iban en una dirección determinada. En momentos en que Milner se estaba desalentando por su falta de resultados, esta rata obediente reavivó su esperanza.

El intento de descubrir lo que hizo la rata se comportara de esta manera, hizo que Milner y Olds diseñaran un nuevo experimento. En lugar de controlar el estímulo ellos mismos, los dos científicos idearon un método para permitir a la rata activar el estímulo por su propia cuenta. Si la rata administraba el estímulo por sí sola cuando no estaba bajo influencia externa, concluirían que la rata buscaba deliberadamente la estimulación cerebral; esto implicaría que el estímulo era intrínsecamente excitante o gratificante para la rata.

Y de hecho lo fue. Incluso cuando la palanca para activar el estímulo se posicionó con torpeza de tal manera que la rata tenía problemas para manipularlo, la rata fue persistente. Este fue un fenómeno sorprendente que condujo a importantes preguntas: ¿Estuvo la rata completamente subordinada a este estímulo? ¿Podría su comportamiento ser completamente controlado simplemente mediante la estimulación de un área particular de su cerebro?

Único en su clase

Al tratar de responder a estas preguntas, los científicos llegaron a un punto ciego: no podían replicar el comportamiento en otras ratas. Sólo tenían una rata que se comportó de esta manera, y Olds estaba naturalmente preocupado de que esto fuera un fenómeno de una sola vez que nunca presenciaría de nuevo. (Debido a esta preocupación, tomó un video del evento, aunque el video se ha perdido para la historia.)

Después de muchos intentos fallidos más, Milner comenzó a sospechar que tal vez el electrodo no estaba en su posición deseada; tal vez se implantó de forma incorrecta o se había desplazado en algún momento. Pero no había manera de Olds estuviera dispuesto a sacrificar su única “buena” rata para determinar la ubicación del electrodo.

Por suerte, había otros medios de la época, y otro de los científicos en el laboratorio tuvo la brillante idea de tomar una radiografía. Lo que encontraron fue que el electrodo de hecho había sido desplazado varios milímetros de distancia de la formación reticular, y estaba en contacto con el hipotálamo. Puede haber sido el uso de Olds de mayor calibre que requería más presión para doblar, o tal vez fue la forma en que Olds había doblado los cables antes del secado del adhesivo del electrodo. De cualquier manera, estaba claro que el electrodo no estaba donde ellos esperaban, y su nuevo puesto en contacto con el hipotálamo causó algún tipo de sensación altamente excitante en la rata.

El placer y la recompensa

Para los próximos años, en otros experimentos, Olds se dispuso a localizar las áreas cerebrales precisas responsables de la inducción de esta extraña sensación en las ratas. A pesar de que llamó a estas áreas “centros de placer,” no sabemos lo que las ratas en verdad sienten cuando son estimuladas, o si su sentimiento es del todo análogo a nuestro concepto de “placer” (aunque sin duda es un concepto atractivo). Tomando esto en consideración, los científicos de hoy en día prefieren hablar de “centros de recompensa” en vez de “centros de placer”.

Se estableció un experimento, similar a la anterior en el que las ratas fueron capaces de autoadministrarse un choque a una parte de su cerebro, empujando una palanca. Dependiendo de donde se dejó la punta del electrodo, las ratas mostraron una amplia gama de respuestas. Olds encontró algunas áreas (áreas pequeñas en el cerebro medio y las secciones adyacentes del tálamo y el hipotálamo) que al ser estimuladas, producían una respuesta de evitación en las ratas. Otras áreas (como la posterior y hipotálamo anterior) en contraste, produjeron la sensación excitante.

En algunos casos, la sensación era evidentemente muy intensa, algunas ratas presionarían la palanca tanto como !!! 7.000 veces por hora !!!  hasta el colapso por agotamiento.

Esta tendencia a la auto-estimulación fue incluso mayor que la del hambre. En un experimento posterior, Olds encontró que las ratas serían capaces de atravesar un suelo altamente electrificado para recibir la estimulación de un suelo que incluso las ratas en ayunas durante 24 horas no fueron capaces de atravesar por la comida.

Las ratas, evidentemente, pudieron ser controladas en su totalidad a través de señales eléctricas enviadas directamente al cerebro. Esto hace que nos preguntemos: ¿Qué pasa con los humanos?

Placer Humano

¿Tienen también los seres humanos “centros de recompensa” en el cerebro?

Sí los tenemos. Pero, tal vez, afortunadamente, la estimulación a nuestros centros de recompensa no conduce necesariamente a un frenesí similar al de las ratas.

En un experimento muy controvertido por Robert Heath en la década de 1950, los pacientes con tendencias violentas tuvieron electrodos implantados en sus cerebros con la esperanza de que la estimulación sería calmarlos. Los pacientes reportaron sentimientos de euforia leves o agradables en respuesta al estímulo, pero nada cerca de la intensa sensación de que condujo a las ratas a comportamientos extremos y de agotamiento. Estos experimentos no estaban buscando específicamente para áreas de estimulación cerebral placentera, sin embargo, lo que puede ser el caso que la orientación otras áreas o combinaciones de áreas daría lugar a una sensación más intensa.

De cualquier manera, incluso sin estimulación neural directa, los hallazgos de Heath sugieren que el humano puede ser propenso a un comportamiento análogo al de la rata, empujando continuamente una palanca para obtener más auto-estimulación: algunos científicos creen que las adicciones   (como ocurre con alcohol o con abuso de drogas) son el resultado de un síndrome de deficiencia de recompensa, en la que una deficiencia en los centros de recompensa del cerebro resulta en un deseo constante de alivio, que toma la forma de abuso de sustancias.

El concepto de centro de recompensa tiene implicaciones interesantes para la investigación y la tecnología del futuro. En un caso extremo, algunos creen que la estimulación directa de estas áreas, será clave para eliminar las emociones negativas por completo del mundo (ya sea o no que sea un estado deseable, es tema de debate). Los partidarios de este escenario futuro les gusta señalar que, en una reunión de la Sociedad para la Neurociencia en 2005, el Dalai Lama mencionó:

                Si fuera posible liberarse de las emociones negativas por una implementación libre de riesgo de un electrodo, sin menoscabar la inteligencia y la mente crítica, yo sería el primer paciente.

Incluso si esto no resulta posible, esto ilustra el enorme potencial que yace en el futuro la investigación del cerebro; todavía hay mucho que aprender y descubrir.

Cabe esperar que en nuestra búsqueda para aprovechar la búsqueda del placer, las tendencias no terminen como la rata: en un ciclo continuo de auto-estimulación, adicción, y el eventual agotamiento.

Referencias (tomadas del post original)

“A World Without Suffering?” Accessed April 8, 2013.http://ieet.org/index.php/IEET/more/dvorsky20090502.

Baumeister, Alan. “The Tulane Electrical Brain Stimulation Program A Historical Case Study in Medical Ethics.” Journal of the History of the Neurosciences 9, no. 3 (2000): 262–278. doi:10.1076/jhin.9.3.262.1787.

Blum, Kenneth, John G. Cull, Eric R. Braverman, and David E. Comings. “Reward Deficiency Syndrome.” American Scientist 84, no. 2 (March 1, 1996): 132–145. doi:10.2307/29775633.

“James Olds, May 30, 1922—August 21, 1976 | By Richard F. Thompson | Biographical Memoirs.” Accessed April 8, 2013. http://www.nap.edu/readingroom.php?book=biomems&page=jolds.html.

Milner, Peter M. “The Discovery of Self-stimulation and Other Stories.” Neuroscience & Biobehavioral Reviews 13, no. 2–3 (Summer 1989): 61–67. doi:10.1016/S0149-7634(89)80013-2.

Motivation: Self-Stimulation in Rats, 2010. http://www.youtube.com/watch?v=aNXhyPj-RsM&feature=youtube_gdata_player.

Olds, James. “Self-Stimulation of the Brain.” Science 127, no. 3294 (February 14, 1958): 315–324. doi:10.2307/1754983.

Olds, James, and Peter Milner. “Positive Reinforcement Produced by Electrical Stimulation of Septal Area and Other Regions of Rat Brain.” J Comp Physiol Psychol 47, no. 6 (1954): 419–427.