Psicobiología

Sobre libro: Tu mente es extraordinaria

Tu mente es extraordinaria. Gregory Cajina. 2015

Tuve la oportunidad de coincidir con Gregory en el I Congreso Internacional de Neurociencias aplicadas en Lima, por allá en el 2013, cuando hice una presentación sobre Neuronutrición y Educación. Ví el título, la reseña captó la atención. Y ya habiéndolo leído, puedo decir desde el fondo del corazón ¡muchas gracias por este libro, Gregory!

Algunas frases que fueron motivo de reflexión al finalizar este libro:  que en situaciones adversas no sobrevive el más fuerte, sino el más insensible. Porque es capaz de hacer primar el yo, por sobre cualquier otra cosa, siendo capaz de “cumplir órdenes”.

No hay que tener plan B, solamente plan A y mucha resiliencia, paciencia, autoconfianza, como en el caso de los niños que al ser capaces de esperar quince minutos por obtener una galleta y posponer su recompensa, tuvieron mejor desempeño en muchas otras cosas en el futuro. Este fue el mensaje de Churchill después de la guerra, cuando fue preguntado sobre cómo consideraba que había logrado la victoria sobre la aplastante Wehrmacht alemana y respondió “nunca se rindan, nunca se rindan, nunca se rindan, nunca se rindan

Está el tema de la ancianidad, porque vivimos en una época privilegiada que ha logrado extensión de la vida más allá de lo que hubieran soñado generaciones precedentes. ¿Qué haríamos si un Yo del futuro nos dijera que si tuviéramos mejores hábitos , él será un anciano excepcional a los 80? Porque eso fue lo que reveló el estudio Graham, con la coordinación del psiquiatra George Vaillant.  La mejor calidad de vida entre los 50 y los 80 depende del estilo de vida antes de los 50.

Y surge un tema para pensar:  Coromoto, la heladería en Venezuela que presume de sus 860 sabores de helados.  ¿Por qué conformarse con pedir siempre vainilla? Es una llamativa alegoría sobre nuestro quehacer emocional, que tanto tiene que ver con lo que hacemos y decimos.

Y se tocan puntos dolorosos, que son casi de lesa humanidad. No se invierte en el verdadero desarrollo mental de los individuos, las premisas de inversión suelen ser otras, dedicadas a panoplia moderna, construcción, de modo que discurren por derroteros desconocidos para la mayoría de quienes componen la humanidad. Y este zeitgeist ha generado un error fundamental: considerar que solo lo que tiene precio tiene valor. Un sesgo cognoscitivo y conductual de nuestro tiempo.

Dentro de los valores sociales, la cooperación es mucho mejor, porque el mundo en su 99% de tiempo, fue nómada y probablemente lo sea después de un holocausto nuclear, o de una glaciación.  Entonces tener muchas cosas será engorroso. Alusivo a los valores sociales, resurge el concepto de Zoon politikon, animal social, que se realiza en sociedad, fue lo que dijo el Estagirita; y amaos los unos a los otros, fue lo que dejó como enseña el gran Maestro de Galilea.

Sobre la trascendencia, es esa inmanente sensación de que se obró en pro de algo mejor que uno, porque de poco sirven salud, felicidad y dinero, si no se comparten. Conseguir algo puede que de felicidad, pero dar y compartir genera superfelicidad, idea propuesta también en el libro de Oppenheimer sobre Crear o morir. ¿Por qué ese hombre a los 90 descubre en su cumpleaños algo que se podría considerar “real” alegría? -Nótese que dije alegría, no felicidad- Porque muchas de las notas que le dirigen empiezan con un “gracias por….” y se dio en cuenta en ese momento que había tenido influencia sin buscarlo deliberadamente, solo por el ejemplo inspirador de su voluntad, por el gusto y la alegría de compartir algo en lo cual era un maestro.

Una alegría real, tan diferente a los espejismos publicitarios de farsante manipulación, donde se come una marca X, se bebe una marca Y, se viaja al sitio Z, se tiene el móvil A, se usa la crema B y se es feliz, o se tiene un estado “tan parecido a la felicidad”. Y en los cuales, muchos de los Homo sapiens tan individualmente inteligentes, devienen en estulticia colectiva.

Esta descripción puede ser inspiradora y ojalá que lo sea para más de uno, al menos en ese momento esa fue la percepción.

Y esta una terrible paradoja humana, al momento de la paternidad: quienes quieren ejercer el altruista y loable acto de adoptar un niño deben pasar una serie tal de pruebas que si se aplicaran a todos quienes quieren tener familia, la humanidad estaría ad portas de su extinción.

Y cual es una de las mayores fortunas que se pueden tener? Un mentor. Un adulto con experiencia que guía a otros adultos en la búsqueda de ser mejores en algo que les apasiona, que les gusta, que hace que puedan soportar “esa hora extra”, cuando los demás se van a descansar.  Y esto me hace evocar que he tenido la fortuna de tener varios mentores, que en mayor o menor grado, han forjado el presente personaje que redacta estas líneas. Y Gregory saca una frase lapidaria: es mejor soportar el infierno del escarnio, que el cielo de la aceptación mediocre; me hizo evocar una frase de un neurólogo colombiano de nombre Jaime Gómez González, el fundador del Instituto Neurológico de Colombia, quien exclamó alguna vez que “todos los precursores tienen la espalda llena de flechas” –Ironías, sarcasmos, envidias, ataques, burlas, desdén, palos en la rueda-. El precio emocional de buscar ser todo lo bueno que se capaz de ser, es elevado. Pero el no pagarlo es frustrante.

Referencia: Gregory Cajina. Tu mente es extraordinaria – Un viaje de lo posible a lo real. Ediciones B SA, Bogotá DC, 2015. 285 páginas.

9788466656177

Hormonas y cognición

Son importantes las hormonas en la cognición?

Sí. Se investigó en resonancia nuclear funcional (fMRI) la actividad del núcleo accumbens en adolescentes de sexo masculino, edad promedio de 14 años, se midieron niveles de testosterona en saliva y se aplicaron algunas pruebas de medición de medición de asumir riesgo y obtención de recompensa, una de las conductas asociadas al funcionamiento del núcleo accumbens.  Qué mostró? El núcleo accumbens tuvo su mayor actividad en los jóvenes a mediados de su adolescencia, con algunos cambios de su actividad según el mayor o menor gusto por tener sensación de recompensa (Braams et al, 2015)[1].

La propensión durante la adolescencia para la búsqueda de sensaciones de recompensa / novedad rompiendo el equilibrio frente a la incertidumbre o tener un daño potencial, podría explicarse por un fuerte sistema de recompensa (dado por el núcleo accumbens), un sistema débil de evitar daños (la amígdala), y / o un sistema de supervisión ineficiente (corteza prefrontal medial / ventral). Los ajustes de funcionamiento o las perturbaciones en estos sistemas cerebrales, pueden contribuir a la expresión de enfermedad mental, por ejemplo depresión y la ansiedad (Ernst et al, 2006)[2].

También se observa por ejemplo durante el envejecimiento. En ancianos por ejemplo, el aumento de prolactina se encuentra asociado con un menor desempeño cognoscitivo, menor sensación de bienestar y depresión (Castanho et al, 2014) [3]. Y esto es semejante a lo que ocurre cuando se administran algunos antiparkinsonianos que aumentan la prolactina. Y los menores niveles de estradiol igualmente se asocian con mayor depresión y menor desempeño cognoscitivo.

Ya en la edad avanzada se presentan disminuciones funcionales en todo el cuerpo, incluyendo algunos aspectos del rendimiento cognitivo. Mientras que la demencia se desarrolla en sólo algunos individuos de edad avanzada, la disminución de la función cognitiva tiene un impacto en la vida diaria para muchos otros. Hay un amplio espectro de diferencias individuales en los cambios cognitivos relacionados con la edad y los cambios en el ambiente hormonal modulan cambios cognitivos (Moffat, 2005).[4]

Referencias bibliográficas

[1] Braams BR, van Duijvenvoorde AC, Peper JS, Crone EA. Longitudinal changes in adolescent risk-taking: a comprehensive study of neural responses to rewards, pubertal development, and risk-taking behavior. J Neurosci. 2015 May 6;35(18):7226-38.

[2] Ernst M, Pine DS, Hardin M. Triadic model of the neurobiology of motivated behavior in adolescence. Psychol Med. 2006 Mar;36(3):299-312.

[3] Castanho TC, Moreira PS, Portugal-Nunes C, Novais A, Costa PS, Palha JA, Sousa N, Santos NC. The role of sex and sex-related hormones in cognition, mood and well-being in older men and women. Biol Psychol. 2014 Dec;103:158-66.

[4] Moffat SD. Effects of testosterone on cognitive and brain aging in elderly men. Ann N Y Acad Sci. 2005 Dec;1055:80-92.

Material original del autor. Licencia de autor Creative Commons (Reconocimiento - No Comercial - CC by-nc)

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Sobre libro: El comportamiento animal del hombre, por David Barash.

Libro 44 de 2015

Dicen Carl Sagan y Ann Druyan en Sombras de antepasados olvidados, que no somos babuinos, o ratones, o gorilas, pero algo en nuestro interior, nuestra carga genética de inmemoriales generaciones está allí tras bambalinas, haciendo como dijera el neoplatónico Plotino, que estemos a mitad de camino entre los ángeles y las bestias. La sociobiología es una rama relativamente joven de la ciencia, que aplica conceptos de biología para explicar la dinámica social, elementos de la selección natural de Darwin a los sistemas sociales.

Y aunque en muchos modelos animales se ha demostrado que la conducta tiene una explicación genética y en algún momento de la “maduración” de la ciencia se intentó parangonar esta situación con los humanos, lo más recientemente aceptado es que lo genético tiene poca influencia conductual en el ser humano. Es decir, el libre albedrío y nuestra conformación como seres sociales, inmersos en un medio cultural y manejando un lenguaje como un avanzado mapa, para poder tener conceptualizaciones, nos ha permitido a los humanos como especie tener un comportamiento que está más allá del marco de lo genético.

No obstante, hay algunos matices interesantes para tener en cuenta, que resalta la sociobiología y que están profundamente relacionados con el tipo de conducta sexual humana: somos la especie con la niñez más larga que hay en la escala biológica, lo cual implica la presencia de madre y padre, incluso con auxilio aloparental[1] de abuelos, para que este ser en formación pueda adquirir la mayor experiencia posible. Y esto implicó desde un principio algunas digámoslo así, “especializaciones” de los progenitores. Mientras el hombre salía a cazar y buscar sustento, fue desarrollando habilidades cinegéticas de caza, de colaborar con otros hombres efectivamente para poder cazar un animal mucho más grande como un mamut, o mucho más veloz, como una cebra, o un venado. Debía movilizarse bastante y conocer muchas referencias geográficas para poder llegar a los cotos de caza, por lo cual los hombres suelen tener el “mapa en la cabeza”. Y las mujeres, además de dar lactancia, debían prestar atención a muchos detalles al mismo tiempo, de la preparación de los alimentos, de compartir cuidado de otros niños, de velar por sus propios hijos, que no se hicieran daño por una curiosidad inapropiada o comieran alimentos venenosos, y un largo etc. que todos los que han convivido con chicos saben que hay detrás de la crianza.

La clase de los mamíferos, se caracteriza por alimentar a sus crías con la leche producida por las estructuras especializadas que son las glándulas mamarias. En el museo Smithsonian, cuando describen a los mamíferos adicionalmente indican que suelen tener pelo y una especialización de órgano en su oído interno, para conservar el equilibrio y poder escuchar mejor.

Innegablemente el ser humano es portador de su marco biológico de desarrollo como mamífero y el enfoque de la sociobiología llama la atención sobre el innegable moldeamiento que ha ejercido la naturaleza durante las varias decenas de miles de generaciones que ha habido sobre la tierra.

El cerebro de los hombres está más especializado en el manejo del espacio, asume riesgos con mayor facilidad, pasa a conducta agresiva con mayor facilidad (si ocurría una amenaza por un depredador, la conducta agresiva aumentaba las posibilidades de supervivencia), tiene menos inhibiciones en cuanto a buscar sexo, exhibiendo tendencia a la poligamia y a tener el mayor número de hijos, lo cual es útil cuando se vive en un tiempo en que las enfermedades infecciosas, el hambre, las diferentes contingencias del ambiente hacían muy difícil que un niño llegara a ser adulto.

Recordemos que solamente hasta el siglo XX, el control de las infecciones por medio de antibióticos logró tener el profundo impacto de lograr aumentar la esperanza de vida.

Y ahora, miremos los matices de la sociobiología en cuanto a la conducta sexual femenina en la mujer. La experiencia le ha enseñado que el embarazo y el parto son dolorosos y que en el parto particularmente puede morir. El precepto bíblico de “parirás con dolor” lo confirmó algunos eones más tarde, y de hecho la hembra humana tiene las mayores posibilidades de muerte por complicaciones del parto, cuando se compara con otras especies. Las razones? La postura bípeda cambió la configuración del canal del parto en la pelvis, haciendo que se volviera más estrecha (de hecho en anatomía los diámetros limitantes para el paso de la cabeza del bebé son los estrechos pélvico superior e inferior), entonces podían pasar muchas complicaciones o “distocias”[2], en la cual el bebé no era expulsado, podía fallecer, la madre sangraba continuamente, hasta que llegaba el triste final. Al imaginarse este panorama, ya es fácil imaginarse que una mujer si quiere ser madre, tiene que estar convencida de que vale la pena hacerlo; en conclusión, las mujeres son selectivas. La maternidad es muy costosa en términos biológicos, es el mensaje de la sociobiología, los óvulos son muy caros. De hecho quien invierte más en la concepción, igualmente se desgasta más rápido, por esta razón ocurre la menopausia en las mujeres, siendo un período predecible del devenir biológico femenino. Pero si piensan que hay ventajas en ser hombre, tampoco lo tienen fácil. Los espermatozoides son “baratos” en términos biológicos, en el volumen de una eyaculación los aproximadamente 250 millones que en promedio pueden estar, bastarían para fecundar a las mujeres de varias ciudades, si cada uno lograra su cometido…. de modo que al haber tanta oferta, los óvulos son “selectivos” en cuanto a quedarse con el “mejor”, que es el que ha sido capaz de atravesar el largo camino que tiene por delante, de hacerlo más rápidamente que sus competidores, algo así como si se corriera la distancia de una maratón pero a la velocidad de los cien metros contra reloj. Toda una hazaña, que nos coloca en la perspectiva de ganadores al estar acá!

Los genes buscan replicarse y los cuerpos son digámoslo también el “ensamble” o el vehículo para lograr este fin. La naturaleza busca la perpetuación de la especie y lo hace en escenarios contrapuestos.  Espermatozoides en pletórica abundancia, óvulos en numerada disponibilidad. Machos que mueren pronto, hembras que viven más. Machos que exhiben ruidosas conductas agresivas, hembras calculadoras de conducta conservadora, les es familiar este escenario? Sea en un zoo al ver la zona de los chimpancés, o una fiesta universitaria de graduación, los transfondos tienen mucha similitud. Aunque no somos chimpancés, ni ratones ni babuinos….

Entonces somos nuestros genes? Claro que sí. Pero somos solamente nuestros genes? Aquí la respuesta se empieza a volver más gris, porque también está el escenario epigenético de nuestro desarrollo cerebral, resultante de nuestra individual y única dotación genética, que juega con nuestro único e irrepetible medio externo, que hace que nuestra mentalidad sea única y este es el valor de cada ser humano, su individualidad y su irrepetibilidad.

El ser humano es siempre mucho más que la suma de sus partes y una de las enseñanzas que también tiene la sociobiología, es la del altruismo, que también tiene cabida para la generosidad, benevolencia y amplitud de espíritu, de tal manera que todo lo humano nos empiece a caber en la cabeza de una forma tal como si fuera parte de la propia familia (Barash D)[3].

[1] Del griego allós, extraño. La alopaternidad es básicamente cuando otros padres diferentes a los biológicos cuidan a los hijos, un fenómeno que el biólogo, fisiólogo y biogeógrafo Jared Diamond describe como una situación muy común en las sociedades tradicionales de cazadores y recolectores. La aloparentalidad puede definirse como el desempeño cooperativo de una persona para la crianza de otra que no es propiamente su hijo, una cooperación ancestral entre madres que se asegurarian recursos en sobre todo tres casos: 1) la violación, 2) la desaparición o desinversión del macho proveedor o 3) la muerte del macho proveedor. Algunos conceptos etológicos para mayor claridad: Alopariente : Individuo que ayuda a los progenitores en el cuidado de los jóvenes. Cuidado aloparental: Asistencia por parte de individuos distintos de los progenitores en el cuidado de la prole.  El comportamiento puede mostrarse tanto en hembras (cuidado alomaternal), como en machos (cuidado alopaternal.) En http://www2.udec.cl/etologia/Glosario.html

[2] Del griego dys-, ‘dificultad‘; y el griego tókos, ‘parto‘). Parto difícil.  Alteración o interrupción del curso del trabajo de parto o del parto. Puede ser de origen fetal, ovular o materno (mecánico o dinámico). En http://dic.idiomamedico.net/distocia

[3] Barash D. El comportamiento animal del hombre. Editorial ATE, 1981. Barcelona, España. pp 219.

Temas relacionados:
Libro: La cadera de Eva, por José Enrique Campillo Alvarez MD. 
Hombres – El sexo débil y su cerebro, por Gerard Hütler.

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El centro cerebral del placer

Contenido traducido, tomado de blog http://alfre.dk/the-pleasure-center/

En 1954, dos jóvenes neuropsicólogos cometieron un error al implantar un electrodo en el cerebro de una rata, un error que involuntariamente llevó a un descubrimiento importante.

Uno de los dos era Peter Milner, un estudiante de doctorado de la Universidad McGill. En ese momento, él estaba poniendo a prueba la teoría de que las ratas podrían ser motivadas mediante la estimulación de la formación reticular, una zona anatómica especial en el tronco cerebral.

Sus ratas corrían a través de un laberinto en T. Cada vez que la rata eligió uno de los dos caminos a tomar, un choque sería enviado a una zona especializada llamada “formación reticular”. Era la esperanza de Milner que las ratas podrían asociar su elección con el estímulo supuestamente gratificante, de modo que seguirían eligiendo el mismo camino en futuras aproximaciones. En cualquier caso, Milner no tuvo mucho éxito en su experimento. En lugar de girar hacia el camino por el que recibieron la estimulación, las ratas por unanimidad  evitaron ese lado. Evidentemente, la estimulación evocó un sentimiento negativo en lugar de excitación, como Milner había esperado.

Fue en ese momento que a Milner fue presentado James Olds, un joven psicólogo social de la Universidad de Harvard con un interés en el estudio del cerebro; que estaba buscando a alguien como Milner para que le ayudara a empezar en su trabajo de campo.

Pero el trasfondo de psicología social de Olds fue retirado bastante lejos de la psicología fisiológica del laboratorio de Milner, y Milner se mostró escéptico de que este nuevo recluta pudiera ser de alguna utilidad. Sin embargo, le dio una oportunidad.

Olds resultó ser un alumno brillante: rápidamente, a una semana de serle dado un atlas y libro de anatomía cerebral de la rata, su conocimiento del cerebro de rata destronó al del propio Milner. Pronto, se le dió la tarea de implantar los electrodos en los cerebros de las ratas, siguiendo las instrucciones del Milner.

Este método de implantar el electrodo, sin embargo, era un procedimiento delicado que requería manos firmes y paciencia. Aunque produjo resultados razonablemente consistentes, fue un proceso largo y con mucho margen de error.

Después de practicar con unos electrodos, Olds era lo suficientemente competente para realizar la operación de forma independiente. Pero en esta independencia, hizo algunos ajustes al procedimiento: utilizó alambre de calibre más pesado, y no esperó tanto tiempo para que el adhesivo del electrodo se secara por completo antes de doblar los cables en la orientación deseada. Estos podrían haber parecido ajustes inofensivos en el momento, pero los pequeños cambios en los procedimientos delicados no siempre son tan inocentes.

Una rata Curiosa

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Crédito de imagen: tomada de blog 

https://trojantopher.wordpress.com/tag/peter-milner/

Fue con una de las ratas de Olds que algo muy peculiar pasó. Cuando se estimuló, esta rata se detuvo, empezó a oler y buscar mientras se movía. Tan pronto como el estímulo fue cortado, volvió a su comportamiento normal. Esto estaba en marcado contraste con todas las ratas anteriores que probaron-que podían controlar su movimiento, dando una corta ráfaga de estimulación cada vez que iban en una dirección determinada. En momentos en que Milner se estaba desalentando por su falta de resultados, esta rata obediente reavivó su esperanza.

El intento de descubrir lo que hizo la rata se comportara de esta manera, hizo que Milner y Olds diseñaran un nuevo experimento. En lugar de controlar el estímulo ellos mismos, los dos científicos idearon un método para permitir a la rata activar el estímulo por su propia cuenta. Si la rata administraba el estímulo por sí sola cuando no estaba bajo influencia externa, concluirían que la rata buscaba deliberadamente la estimulación cerebral; esto implicaría que el estímulo era intrínsecamente excitante o gratificante para la rata.

Y de hecho lo fue. Incluso cuando la palanca para activar el estímulo se posicionó con torpeza de tal manera que la rata tenía problemas para manipularlo, la rata fue persistente. Este fue un fenómeno sorprendente que condujo a importantes preguntas: ¿Estuvo la rata completamente subordinada a este estímulo? ¿Podría su comportamiento ser completamente controlado simplemente mediante la estimulación de un área particular de su cerebro?

Único en su clase

Al tratar de responder a estas preguntas, los científicos llegaron a un punto ciego: no podían replicar el comportamiento en otras ratas. Sólo tenían una rata que se comportó de esta manera, y Olds estaba naturalmente preocupado de que esto fuera un fenómeno de una sola vez que nunca presenciaría de nuevo. (Debido a esta preocupación, tomó un video del evento, aunque el video se ha perdido para la historia.)

Después de muchos intentos fallidos más, Milner comenzó a sospechar que tal vez el electrodo no estaba en su posición deseada; tal vez se implantó de forma incorrecta o se había desplazado en algún momento. Pero no había manera de Olds estuviera dispuesto a sacrificar su única “buena” rata para determinar la ubicación del electrodo.

Por suerte, había otros medios de la época, y otro de los científicos en el laboratorio tuvo la brillante idea de tomar una radiografía. Lo que encontraron fue que el electrodo de hecho había sido desplazado varios milímetros de distancia de la formación reticular, y estaba en contacto con el hipotálamo. Puede haber sido el uso de Olds de mayor calibre que requería más presión para doblar, o tal vez fue la forma en que Olds había doblado los cables antes del secado del adhesivo del electrodo. De cualquier manera, estaba claro que el electrodo no estaba donde ellos esperaban, y su nuevo puesto en contacto con el hipotálamo causó algún tipo de sensación altamente excitante en la rata.

El placer y la recompensa

Para los próximos años, en otros experimentos, Olds se dispuso a localizar las áreas cerebrales precisas responsables de la inducción de esta extraña sensación en las ratas. A pesar de que llamó a estas áreas “centros de placer,” no sabemos lo que las ratas en verdad sienten cuando son estimuladas, o si su sentimiento es del todo análogo a nuestro concepto de “placer” (aunque sin duda es un concepto atractivo). Tomando esto en consideración, los científicos de hoy en día prefieren hablar de “centros de recompensa” en vez de “centros de placer”.

Se estableció un experimento, similar a la anterior en el que las ratas fueron capaces de autoadministrarse un choque a una parte de su cerebro, empujando una palanca. Dependiendo de donde se dejó la punta del electrodo, las ratas mostraron una amplia gama de respuestas. Olds encontró algunas áreas (áreas pequeñas en el cerebro medio y las secciones adyacentes del tálamo y el hipotálamo) que al ser estimuladas, producían una respuesta de evitación en las ratas. Otras áreas (como la posterior y hipotálamo anterior) en contraste, produjeron la sensación excitante.

En algunos casos, la sensación era evidentemente muy intensa, algunas ratas presionarían la palanca tanto como !!! 7.000 veces por hora !!!  hasta el colapso por agotamiento.

Esta tendencia a la auto-estimulación fue incluso mayor que la del hambre. En un experimento posterior, Olds encontró que las ratas serían capaces de atravesar un suelo altamente electrificado para recibir la estimulación de un suelo que incluso las ratas en ayunas durante 24 horas no fueron capaces de atravesar por la comida.

Las ratas, evidentemente, pudieron ser controladas en su totalidad a través de señales eléctricas enviadas directamente al cerebro. Esto hace que nos preguntemos: ¿Qué pasa con los humanos?

Placer Humano

¿Tienen también los seres humanos “centros de recompensa” en el cerebro?

Sí los tenemos. Pero, tal vez, afortunadamente, la estimulación a nuestros centros de recompensa no conduce necesariamente a un frenesí similar al de las ratas.

En un experimento muy controvertido por Robert Heath en la década de 1950, los pacientes con tendencias violentas tuvieron electrodos implantados en sus cerebros con la esperanza de que la estimulación sería calmarlos. Los pacientes reportaron sentimientos de euforia leves o agradables en respuesta al estímulo, pero nada cerca de la intensa sensación de que condujo a las ratas a comportamientos extremos y de agotamiento. Estos experimentos no estaban buscando específicamente para áreas de estimulación cerebral placentera, sin embargo, lo que puede ser el caso que la orientación otras áreas o combinaciones de áreas daría lugar a una sensación más intensa.

De cualquier manera, incluso sin estimulación neural directa, los hallazgos de Heath sugieren que el humano puede ser propenso a un comportamiento análogo al de la rata, empujando continuamente una palanca para obtener más auto-estimulación: algunos científicos creen que las adicciones   (como ocurre con alcohol o con abuso de drogas) son el resultado de un síndrome de deficiencia de recompensa, en la que una deficiencia en los centros de recompensa del cerebro resulta en un deseo constante de alivio, que toma la forma de abuso de sustancias.

El concepto de centro de recompensa tiene implicaciones interesantes para la investigación y la tecnología del futuro. En un caso extremo, algunos creen que la estimulación directa de estas áreas, será clave para eliminar las emociones negativas por completo del mundo (ya sea o no que sea un estado deseable, es tema de debate). Los partidarios de este escenario futuro les gusta señalar que, en una reunión de la Sociedad para la Neurociencia en 2005, el Dalai Lama mencionó:

                Si fuera posible liberarse de las emociones negativas por una implementación libre de riesgo de un electrodo, sin menoscabar la inteligencia y la mente crítica, yo sería el primer paciente.

Incluso si esto no resulta posible, esto ilustra el enorme potencial que yace en el futuro la investigación del cerebro; todavía hay mucho que aprender y descubrir.

Cabe esperar que en nuestra búsqueda para aprovechar la búsqueda del placer, las tendencias no terminen como la rata: en un ciclo continuo de auto-estimulación, adicción, y el eventual agotamiento.

Referencias (tomadas del post original)

“A World Without Suffering?” Accessed April 8, 2013.http://ieet.org/index.php/IEET/more/dvorsky20090502.

Baumeister, Alan. “The Tulane Electrical Brain Stimulation Program A Historical Case Study in Medical Ethics.” Journal of the History of the Neurosciences 9, no. 3 (2000): 262–278. doi:10.1076/jhin.9.3.262.1787.

Blum, Kenneth, John G. Cull, Eric R. Braverman, and David E. Comings. “Reward Deficiency Syndrome.” American Scientist 84, no. 2 (March 1, 1996): 132–145. doi:10.2307/29775633.

“James Olds, May 30, 1922—August 21, 1976 | By Richard F. Thompson | Biographical Memoirs.” Accessed April 8, 2013. http://www.nap.edu/readingroom.php?book=biomems&page=jolds.html.

Milner, Peter M. “The Discovery of Self-stimulation and Other Stories.” Neuroscience & Biobehavioral Reviews 13, no. 2–3 (Summer 1989): 61–67. doi:10.1016/S0149-7634(89)80013-2.

Motivation: Self-Stimulation in Rats, 2010. http://www.youtube.com/watch?v=aNXhyPj-RsM&feature=youtube_gdata_player.

Olds, James. “Self-Stimulation of the Brain.” Science 127, no. 3294 (February 14, 1958): 315–324. doi:10.2307/1754983.

Olds, James, and Peter Milner. “Positive Reinforcement Produced by Electrical Stimulation of Septal Area and Other Regions of Rat Brain.” J Comp Physiol Psychol 47, no. 6 (1954): 419–427.

Epistemología de Heinz von Foerster

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Sobre Heinz von Foerster, un científico que trabajó en la teoría de desarrollo de sistemas cibernéticos, lo mismo que Von Neumann.

Su formación está marcada por una fuerte inquietud multidisciplinar, que le llevó a interesarse por la psicología, la filosofía, la lingüística, la sociología. Se movió en el entorno del ‘Círculo de Viena’ y de los trabajos de Ludwig Wittgenstein.

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Heinz von Foerster 1911-2002

En este interesante artículo von Foerster se refiere al sistema nervioso central como un sistema donde durante mucho tiempo fue difícil pasar de la integración de la señal de una simple neurona haciendo un estímulo beep beep beep a un proceso mental donde hay la interpretación de la realidad que se supone, estamos acostumbrados a percibir.

Y es aquí donde entra el matemático francés Henri Poincaré cuando hizo el análisis sobre que la información de las retinas, porque curiosamente, la información que transmiten al cerebro es bidimensional.  Y en la medida que se produjera correlación de movimiento con cambio de percepción, surge en el sistema nervioso la sensación de “espacio”.

Y otra cosa que es diferente en los sistemas nerviosos complejos: las neuronas llamadas internunciales, que se encargan de regular o de “computar” el conjunto de señales que se reciben de forma aferente y según la cantidad de descargas que reciban, se traducen en un estímulo eferente.

Algunas cosas para entender mejor esto: inter, es entre. Nuncio en latín es mensajero. Las internunciales están “entre los mensajeros”; y computare en latín, es “considerar en conjunto”. Las neuronas internunciales, que suelen actuar de “puentes” entre otras neuronas, acumulan y procesan un conjunto de información para definir si se transmite un determinado impulsos que en el sistema nervioso pueden ser endocrino, neuroendocrino o motor, por mencionar algunos.

Foerster habla de la realidad no como un descubrimiento, sino como construcción individual y social. ¿Descubrimos la realidad o la construimos…?

William Blake por ejemplo, afirmaba que “él no veía con los ojos sino a través de ellos“. Esto significa que ver equivale a un insight; equivale a alcanzar la comprensión de algo utilizando todas las explicaciones, metáforas, parábolas, etc., con que contamos, es decir con una experiencia personal e irrepetible, que es lo que hace que de acuerdo a Foerster, haya tantas realidades como individuos que las pueden experimentar.

Referencias

http://biblioteca.funglode.net.do/biblioteca/Datos2/Documento$@/Complejidad/POR%20UNA%20NUEVA%20EPISTEMOLOGIA.pdf

http://www.infoamerica.org/teoria/foerster1.htm

http://bcl.ece.illinois.edu/hutchinson/

Página sobre Cerebro, Mente y Conciencia – Un enfoque multidisciplinario

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https://www.facebook.com/pages/Libro-Cerebro-mente-y-conciencia-Un-enfoque-multidisciplinario/613569022038907

Un viaje a través de la historia del conocimiento neurocientífico; así definiría yo este libro del Dr. Alejandro Melo-Florián.
Decía Ortega y Gasset que “el hombre, es el hombre y sus circunstancias”. Del mismo modo el autor nos conduce por los paisajes más diversos de la investigación sobre el
sistema nervioso central -precisamente sobre aquellos aspectos que afectan a lo más íntimo del ser humano como tal- y de las circunstancias históricas en que los hitos
del conocimiento neurocientífico se han ido produciendo.
Con el hálito unificador del humanista poco o nada escapa a su alcance: psicobiología evolucionista, neurobiología del desarrollo, biología celular y biología funcional.
Todas estas perspectivas integradas van dando respuesta a la pregunta inicial: ¿cómo funciona el cerebro humano?
El libro, generoso en citas célebres, resulta de lectura fácil y amena y conforme uno avanza en este viaje va descubriendo cómo nuevos enfoques son complementarios
entre sí para comprender cómo del cerebro se desprenden sus dos principales productos derivados: la mente y la conciencia.
Productos que siempre deseamos alcanzar a entender pero con frecuencia se nos escurren entre los dedos de la mano como un puñado de arena. Y es precisamente
esta red de conocimientos, esta malla psicoevolutiva, la que nos permite retener una idea más nítida de qué son y qué papel juegan en el hombre mente y conciencia.
No puedo evitar recordar aquí una de mis frases favoritas de D. Santiago Ramón y Cajal “Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro”. Efectivamente
el conocimiento neurocientífico nos está abriendo las puertas a la maquinaria que rige el mundo de los pensamientos y la conducta humana. Y una vez dentro,
si de veras conseguimos comprender el cerebro, podemos intentar influir, modular -o esculpir- aquellos procesos cuyo funcionamiento no consideremos óptimo. Para
ello la clave del éxito está en conocer lo mejor posible las piezas y los mecanismos, cómo se integran y cómo se generan los procesos.
Poco más cabe decir en este prólogo. Si acaso les diría lo mismo que a quien se dispone a leer un libro de viajes y aventuras de Julio Verne: disfruten.

Manuel Menéndez-González M.D.
Neurólogo, Hospital Álvarez-Buylla
Profesor Asociado del Departamento
de Morfología y Biología Celular, Universidad de Oviedo
Editor Jefe de International Archives of Medicine

http://books.google.com.co/books?id=DIZGAgAAQBAJ&pg=PA5&lpg=PA5&dq=manuel+menendez+cerebro+mente+y+conciencia&source=bl&ots=9TORqbmfDK&sig=MD02xnlHTG2qcZOiMpoAc3HP_rg&hl=es&sa=X&ei=roIIU-3mE8jcyQG6hoHQBQ&ved=0CDQQ6AEwAQ#v=onepage&q=manuel%20menendez%20cerebro%20mente%20y%20conciencia&f=false