Libros

Más Platón y menos Prozac

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Detalle del fresco Alegoría de la filosofía, en las Stanze de Rafaello, palacio Vaticano. Platón señala hacia lo alto, mientras Aristóteles a su derecha indica con el gesto de su mano que lo importante es la medida. Foto del autor

Introducción

Este libro ofrece La perspectiva de la filosofía práctica, con lo cual Lou Marinoff logra hacer que se “despierte” ese Homus philosophicus que cada cual lleva dentro.

Resulta que últimamente con las conmociones de todo tipo que nos ocurren, la depresión y la falta de significado son condiciones a la orden del día. Y Hay una solución relativamente rápida para solucionar esto y es la medicalización de la condición. Esto significa que como se está deprimido o ansioso, se toma un medicamento y voilá, se espera que haya una solución como por arte de magia. Empero, la realidad es otra. Una cosa es lo que hay y otra lo que queremos ver y en ese contexto, muchas veces los antidepresivos son unos lentes para ver la realidad que no solucionan el problema y nos quedamos como al principio, con la misma sensación de crisis, y sin saber que hacer. La psiquiatría ha creado una plétora de nuevos diagnósticos, como el trastorno de tamborileo de dedos, o el halarse los cabellos (la llamada tricotilomanía) que tras el nombre rimbombante, oculta ansiedad, que a su vez es estar con la atención enfocada en el futuro, en lugar de estar enfocado en el irrepetible PRESENTE.

El rol de la filosofía

Quien esto escribe es médico y ha tenido la oportunidad de ventilar temas de neurociencias en un material compilado relativo a cerebro, mente y conciencia. No obstante la promesa de conocimiento de la ciencia pura y dura, medible, inobjetable e incontrovertible, está el tema gris y borroso de la conciencia, la conciencia reflexiva o de la conciencia como campo, de modo que la ciencia con su objeto formal, se encuentra con escenarios hipotéticos que plantean más preguntas que respuestas ante el cómo del funcionamiento.

Y resulta que ver el mundo con la óptica de las mentes de otros tiempos que reflexionaron sobre preguntas de interés perenne, ayuda. Esas mentes son gentes de sentido práctico, gentes expertas en hacerse preguntas, en ver que era lo que más convenía a la luz de la equidad y el dar a cada cual según sus méritos, de vernos como seres falibles que además de ser orgullosos de su razón como instrumento también deben ser temerosos de usar un instrumento que tiene limitaciones. Es decir, diferentes tipos de pensamiento para ver el mundo, las relaciones de los hombres, la búsqueda de significado y propósito. Y en este sentido, el counseling filosófico, tiene algo que decir para ayudar a ayudarnos en la búsqueda de respuestas.

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Detalle de fresco La alegoría de la filosofía, por Rafael Sanzio de Urbino, Stanze de Rafaello, palacio Vaticano. Foto del autor.

La casuística

Los diferentes escenarios de consultantes en quienes se aplican diferentes formas y escuelas de pensamiento, demuestran que con un buen enfoque, se logra esa función mayéutica de lograr dar a luz la propia verdad, aunque esto puede sonar extraño, más bien, el significado y/o el propósito que subyace detrás de cada única experiencia personal e irrepetible. De alguna forma, esto me hace pensar en una escena de la película de Terry Gillian llamada Las aventuras del Barón de Munchausen, cuando el mismo jalándose de su casaca es capaz de sacarse del mar, y además junto con su cabalgadura! Pensamos que ante los problemas podemos ser como el barón de Munchausen y sacarnos a nosotros mismos del atolladero, cuando en la vida real, se requiere una ayuda externa.

Esta casuística es igualmente un ejemplo de lo que se puede hacer con un estilo de coaching que tiene preparación dada por las mentes más brillantes de todas las épocas, de forma que para algunos casos ayuda el Qóelet o libro del Eclesiastés, en otros la teoría de Juegos de John Von Neumann, en otros, el enfoque existencialista, en otros, el autoritarismo de Hobbes, o el estoicismo de Epícteto, resaltando el valor irrobable de la virtud, o quien lo diría, El libro de las mutaciones o I Ching, de tan frecuente consulta por Marinoff.

La capacidad de interpretación al alcance de todos.

En las sesiones de planteamiento de preguntas en los cafés filosóficos, hay un listado de preguntas que curiosamente siguen vigentes y por eso se les llama perennes, han acompañado la humanidad desde el origen de los tiempos: preguntas del tipo para qué la vida, por qué vale la pena vivir, qué es la belleza, qué es el bien?

Y una cosa que me ha llamado la atención, es que ver las cosas sin conceptos preconcebidos tomados de otros autores, puede ser más útil para llegar a una conclusión propia, para evitar ser lo que Marinoff llama un títere filosófico, que cita de otros, aunque sin contexto… Y aquí, una escena de una historia Zen, el hombre que llega con su jarra llena y la sigue llenando y rebosada desperdicia lo que le vierten; quizá el mensaje para tomar lo bueno de esta admonición, es que para llegar a una respuesta, para ayudar a que la filosofía sea práctica y se salga del marco de la filosofía analítica que es el estereotipo que hay en el ciudadano de la calle, es en últimas, mejor estar con la “jarra vacía”.

Significado y propósito

Una frase del autor, que el hombre sabio piensa que lo inevitable es evitable, el hombre común ha decidido que lo inevitable es inevitable…. Y esto trae a colación a Maturana Romesín, (no mencionado en el libro) pero relacionado con este tema en el sentido que todo saber es un saber hacer.

Y aquí hay un interesantísimo ejemplo de significado y propósito, a propósito del menú en el restaurante.

  • Hay gente que por ejemplo no sabe leer, pero sabe que está en el sitio indicado. Tienen propósito pero no significado.
  • Hay gente que en un hipotético ejemplo, se come las imágenes de la comida, porque han entendido lo que allí hay y no más. Tienen el significado pero no el propósito.
  • Y están los que entienden lo que expresa el menú, y piden lo que quieren comer. Tienen significado y propósito.

Y una cosa que mutatis mutandis nos pasa a los humanos, es que solemos cambiar de propósitos y esto genera crisis. Y tener significados en función de un solo propósito, también es limitante, como cuando una reina del colegio se dedica a vivir de su gloria pasada; lo cual lleva al valor del tiempo presente, profundamente atesorado y mejor conocido cuando paradójicamente se aproximan los finales, ya sea porque hubo una experiencia al borde de la muerte, o porque la ancianidad nos muestra la vía recta donde al final observan expectantes Cloto, Atropo y Láquesis.

No es posible medir las capacidades de un humano, excepto por lo que hace, un punto de vista manejado por el coaching: si se ha asimilado el cambio, se expresa en la conducta.

Alfred Khorzybski es traído a colación igualmente, con el mapa que no es el territorio. Y su utilidad está dada en la medida que se quiera viajar…..

La muerte

Somos seres para la muerte, animales que se han vuelto conscientes del tiempo, cada vida es irrepetible, de modo que el existencialismo así como el Zen, destacan y resaltan la sabiduría del tiempo presente. Es lo que tenemos aquí y ahora. Y el Baghavad Gita, en un tono un poco despectivo, dice que no hay que preocuparse (excesivamente) por lo inevitable. La vida es vida muriendo, empieza por un lento e imperceptible proceso de envejecimiento bioquímico que luego alcanza los huesos y la piel, viéndolo poéticamente… y la muerte es vida amaneciendo, también viéndolo poéticamente.

Como comenté en un material sobre la Antropología de la muerte, por Louis Vincent Thomas, la muerte en occidente nos atemoriza, la trivializamos en el cine y en los videojuegos, el juego perverso de la guerra se procura excluir de los medios de comunicación. Y al final llega, tan callando, como en las coplas de Manrique a la muerte de su padre, borbotando por sitios que son inevitables, como lo son los hospitales y los cementerios.

Deberíamos visitar  más a menudo los cementerios, para pensar que la gente que está ahí, fue llorada por otros que ya tampoco están, de modo que ante lo inevitable de la muerte y el nacimiento, poco preocuparse, cerrando el círculo de lo que dice el Baghavad Gita…..

Conclusión

Este es un libro para leer y releer con bastante calma. En alguno de los fragmentos que hay allí, está de la misma forma de un vademécum, un remedio para una situación que uno no se imagina. Si ya tiene la facilidad de la introspección, seguramente verse a sí mismo como un objeto externo, como el objeto de su reflexión con sus emociones, al estilo de Michel de Montaigne, otro de los autores tras bambalinas en el material (obviamente Marinoff no puede hablar de todo), le ayudará a clarificar esas lagunas que todo humano suele tener.

Libro 20 de 2017
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Tendencias en libro Cerebro, mente y conciencia: Un enfoque multidisciplinario.

El libro Cerebro, mente y conciencia – Un enfoque multidisciplinario, en su página de facebook ha alcanzado sus primeros 500 “Me gusta” de los diferentes lectores. El reconocimiento es a todos ellos, que han creído en este proyecto.

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Leer de corrido y con profundidad? Tabletas vs. libros

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El artículo abajo en letra itálica está tomado en su totalidad del diario El País, en el hipervínculo http://politica.elpais.com/politica/2015/05/06/actualidad/1430927826_380794.html
No se han dejado las imágenes originales; me llamó mucho la atención el material publicado por la periodista Ana Carbajosa, en el sentido que de una adecuada capacidad lectora depende nuestro adecuado desempeño en el mundo, en la sociedad, en la profesión, en la cultura.
El objetivo de presentarlo es hacer publicidad a la lectura de material en físico, es mucho mejor, deja más mapas mentales, como lo publiqué en la siguiente nota en Facebook, que sirve como referencia cruzada:
https://www.facebook.com/notes/alejandro-melo-flori%C3%A1n/lo-que-hace-por-el-cerebro-la-escritura-a-mano/862624700467554
Y como material complementario, dejo:
https://www.facebook.com/notes/alejandro-melo-flori%C3%A1n/el-valor-de-escribir-a-mano/927056297357727

Un martes cualquiera, a las ocho y media de la mañana, el andén del metro de Madrid es una colección de hombres y mujeres con la nuca doblada. Miran las pantallas de sus móviles y leen al ritmo que marcan las yemas de sus dedos que suben y bajan. Esta imagen se repite por las calles de España, en las salas de espera del médico, en las colas de los supermercados. Leemos mucho, a todas horas y a trompicones. El cambio en la forma de leer y procesar la información se ha convertido en una creciente fuente de observación y preocupación entre neurocientíficos y psicólogos, que temen que nuestra capacidad de concentración y de leer en profundidad esté mermando.
Los científicos trabajan con la hipótesis de que la forma de leer en Internet, rápida, superficial y saltando de una información a otra junto a la expansión de las redes sociales y de los teléfonos inteligentes, han cambiado no solo nuestra forma de leer, si no también nuestro cerebro. Dicen incluso que el actual es un momento histórico, comparable a la invención de la imprenta o incluso de la escritura, y que ha llegado el momento de retomar el control de nuestros hábitos de lectura.
Investigaciones científicas de todo el mundo apuntan en esa dirección. En Europa, más de un centenar de investigadores suman fuerzas en una plataforma con la que pretenden desentrañar los efectos de la digitalización en los distintos tipos de lecturas. “Es muy plausible que la lectura profunda sea menos compatible con la lectura en las pantallas y que sea más difícil concentrarse porque las redes sociales, los correos, los anuncios web compiten por la atención del lector. Ese es el patrón que emerge de numerosos experimentos”, indica Anne Mangen, del Centro para la Investigación y la Educación Lectora de la Universidad de Stavanger, en Noruega, y presidenta de la plataforma europea E-Read. El proyecto que preside Mangen ilustra la preocupación y el interés por el asunto. “Casi cada día tenemos investigadores que quieren sumarse al proyecto. Hemos tocado nervio”.

Hasta aquí, la sinopsis de este artículo compuesta por tres párrafos introductorios de fácil lectura en Internet, con enlaces que le permitirán saltar a otras páginas. A partir de ahora viene el resto del artículo, mucho más largo y en el que se desarrollarán las afirmaciones arriba expuestas. Es muy probable, sin embargo, que usted no llegue hasta el final, que se distraiga y corra a comprobar los mensajes de su móvil o salte a otra web. No se preocupe, no será el único.

Maryanne Wolf, neurocientífica cognitiva de la Universidad estadounidense de Tufts, es un referente en la materia. “Temo que la lectura digital esté cortocircuitando nuestro cerebro hasta el punto de dificultar la lectura profunda, crítica y analítica”, explica por teléfono Wolf, quien accede a abandonar por unos minutos su encierro californiano, donde trabaja en su próximo libro sobre la lectura. “Nuestra mente es plástica y maleable y es un reflejo de nuestros actos. Las investigaciones nos dicen que ha disminuido mucho nuestra capacidad de concentración. Los jóvenes cambian su atención unas 20 veces a la hora, de un aparato a otro. Cuando se sientan a leer, tienden a reproducir esa lectura interrumpida y en zigzag. Tenemos que ser conscientes de que estamos en medio de un cambio muy profundo”.

Wolf cree que el momento histórico que más se asemeja a la revolución actual fue la transición de los griegos de la cultura oral a una centrada en la escritura. Sócrates, gran defensor de la cultura oral, protestó contra la cultura escrita, porque pensaba que era el único proceso intelectual capaz de probar, analizar e interiorizar conocimientos y de conducir a los jóvenes a la sabiduría y la virtud, explica Wolf. Las ideas escritas, creía, cortocircuitarían este proceso.
La sensación que producen las redes sociales de que siempre tienes que estar disponible para contestar

En 2010, David Nicholas presentó con la University College de Londres un estudio que dio la vuelta al mundo y que puso el foco en lo que llamaron la generación Google y que concluyó que los nativos digitales, nacidos a partir de 1993 eran más incapaces de analizar información compleja y más propensos a leer a toda prisa y de forma más superficial. Desde entonces, los teléfonos inteligentes y las redes sociales han ocupado parcelas y minutos de nuestras mentes antes liberados. El último informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) resalta la rápida penetración de los smartphones en España y cifra en 73,3 las conexiones por cada 100 habitantes. “Neurólogos y psicólogos confirman ahora que aquel diagnóstico no ha hecho más que empeorar. Nuestro cerebro ha perdido capacidad de concentración. La gente ya no quiere leer largo y profundo. El cambio es rapidísimo y los teléfonos inteligentes han acelerado este proceso porque hacen además que la gente lea en movimiento, lo que supone una distracción adicional. Las implicaciones para nuestra cultura y nuestra sociedad son inmensas”.

Andrew Dillon, catedrático de Psicología de la Información de la Universidad de Austin, en Texas, es otro de los grandes estudiosos del fenómeno y no alberga dudas de que “asistimos a un cambio en nuestra forma de leer. Durante siglos apenas ha habido cambios. Aprendíamos a leer y a lo largo de nuestra vida íbamos perfeccionando esa habilidad. Ahora todo eso ha cambiado. Vamos saltando de un vínculo a otro. Leemos mucho, pero de una forma muy superficial. Como sociedad, estamos perdiendo la capacidad de formular ideas profundas y complejas. Corremos el riesgo de estar atontándonos, de pensar de manera más simplista y fragmentada. Tenemos que dar a la mente la oportunidad de manejar ideas complicadas”.

Mangen, la investigadora noruega, ha realizado tres estudios empíricos en los últimos años para analizar el impacto de las pantallas en la lectura. En uno de ellos, chicos de 15 años leyeron textos de cuatro folios en papel y otros lo hicieron en formato digital. Cuando les examinaron de comprensión lectora, vieron que los que habían leído en papel habían comprendido mucho mejor el texto. En otro de sus experimentos participaron adultos canadienses a los que se les dio un relato muy triste. Los que leyeron en papel mostraron mayor empatía que los que usaron una tableta. Mangen, como otros expertos, advierte de que aún no se pueden extraer conclusiones generales, en parte porque habrá lecturas que se beneficien del uso de las pantallas, pero la profunda probablemente se resentirá.

La misma cautela transmite Ladislao Salmerón, uno de los dos representantes españoles en el proyecto de investigación europeo. Asegura sin embargo, que algunos estudios sugieren que la información digital nos proporciona la sensación de una falsa facilidad para analizar los datos y que el miedo es que esa sensación se traslade al ámbito de la lectura profunda, “uno de los actos más complejos del ser humano”. Salmerón, experto en hipervínculos de la estructura de investigación interdisciplinar de la lectura de la Universidad de Valencia, asegura que es muy difícil establecer una causalidad unívoca entre los hábitos de lectura digital y la concentración o la impaciencia. Ha estudiado el movimiento ocular durante la lectura de estudiantes de 13 y 14 años y ha concluido que los alumnos buenos en papel leen mejor también en digital, siempre que utilicen las estrategias de lectura profunda y no abusen del escaneo.

Uno de los estudios a los que Salmerón hace referencia es el de R. Ackerman y M. Goldsmith, de la Universidad de Haifa (Israel), que concluye que los alumnos que utilizan la pantalla estudian menos tiempo que los que leen los mismos textos en papel, porque la lectura en pantalla genera la sensación de falso aprendizaje y dejan la tarea antes de tiempo. Otro, de la Universidad de Northwestern (EE UU), estudió a padres que leen a sus hijos con una tableta y otros que les leen un libro en papel. Estos últimos dedican más tiempo a comentar cuestiones relacionadas con la historia y su vocabulario, mientras los primeros comentan más elementos técnicos (cómo encender el aparato, para qué sirven los botones…) durante la lectura. Otro más, de la Universidad de Connecticut, examinó los efectos de la multitarea en los estudiantes y concluyó que los estudiantes que mensajeaban mientras leían un texto demostraban una comprensión lectora mucho peor.

Naomi Baron, lingüista de la American University y autora de Words Onscreen: The Fate of Reading in a Digital World, explica ha realizado experimentos con universitarios de Estados Unidos, Alemania, Japón y Eslovaquia que indican que se concentran más y mejor cuando leen en papel. Cita estudios que hablan de una cierta resurrección de la lectura en papel. “Hace tres o cuatro años, en Estados Unidos y en Reino Unido mucha gente pensó que la lectura digital iba a acabar con la lectura en papel. Los últimos dos años demuestran que la gente sigue comprando libros”. Para Baron, la cuestión no es tanto el soporte, papel o digital, sino más bien las distracciones inherentes a la conexión a Internet y a las redes sociales. “Tengo alumnos para los que la lectura es el tiempo que transcurre hasta el siguiente bip que les anuncia que tiene un mensaje en el móvil, que un amigo ha actualizado su Facebook, o que tiene un wasap. El problema es la sensación que producen las redes sociales de que siempre tienes que estar disponible para contestar. Es muy difícil concentrarse, porque la hiperconexión hace que temas estar perdiéndote algo. Somos socialmente más inseguros y estamos más estresados”.

Insiste además, en que la multitarea, a diferencia de otras actividades no mejora con la práctica. “Si tocas el violín y practicas mucho, acabarás tocando mejor. El problema es que cuando haces varias cosas distintas a la vez –estoy escribiendo y salto a comprar un billete por Internet-, los estudios psicológicos concluyen que no lo haces tan bien como si haces una sola cosa, por mucho que ejercites la multitarea”.

Los expertos como Wolf, recomiendan un tiempo diario de desconexión. No solo basta con coger un libro. Hay que alejar el móvil y la tableta para no sucumbir a la tentación. “Es importante reservar un tiempo cada día para leer desconectados de Internet. Hay que hacer un esfuerzo consciente, porque cada vez nos bombardean con más información”, aconseja Dillon.
Lector, ¿sigue ahí?

En España, el fenómeno está menos estudiado, en parte, porque la expansión de la vida digital ha sido más tardía que en el mundo anglosajón, explica Antonio Basanta, director de la fundación Germán Sánchez Ruipérez: “En España no hay estudios fiables”. Datos de la Federación de gremio de editores sí indican que se venden menos libros: 153.830.000 ejemplares en 2013 frente a los 228.230.000 de 2010. El último barómetro del CIS indica además, que la mitad de españoles no compró ningún libro en 2014 y que el 35% no lee nunca o casi nunca.
Al contrario que sus colegas anglosajones, Basanta mira al futuro de la lectura con gran optimismo. “La tele y la radio también iban a ser una catástrofe. Nunca se ha leído tanto en el mundo ni ha habido tanta información disponible. Si se maneja bien, puede ser algo extraordinariamente positivo. No se trata de poner puertas al campo, sin no de adiestrar a las personas para que extraigan el máximo rendimiento de los distintos tipos de lecturas, de la unívoca y de la plural. Picotear o leer con profundidad no son acciones antagónicas, son complementarias. Sí, hay una oferta que nos invade, pero lo que tenemos que hacer es tomar de nuevo el timón”. Basanta cree la escuela es el lugar en el que la convivencia de las lecturas debe convertirse en un objetivo prioritario. “El sistema educativo no les enseña esas capacidades”.

Corremos el riesgo de estar atontándonos, de pensar de manera más simplista y fragmentada
Un domingo de mayo, a última hora de la tarde, una quincena de personas se reúne para diseccionar Noticias de un secuestro de Gabriel García Márquez. Forman parte del club de lectura El Ciervo Blanco y la mayoría hace décadas que dejó atrás la escuela. En general, reciben Internet, los ebooks, las tabletas con los brazos abiertos, dicen que les permiten profundizar y acceder a información de una forma inimaginable hasta ahora. No tienen miedo a que su forma de leer se vea afectada por las nuevas tecnologías. “Tengo muchas décadas de libro. No creo que vaya a cambiar mi forma de leer de un día para otro”, piensa Susana Gutiérrez, una abogada de 52 años que hoy participa en la tertulia.
En la otra punta del corrillo literario se sienta Virginia Jiménez, maestra de primaria de 33 años. Su visión difiere bastante de la de sus colegas más veteranos. “Yo lo noto mucho. Ahora me cuesta mucho más concentrarme. A veces leo y tengo que volver a leer lo mismo porque no me entero”. Cuenta que sus alumnos sufren todavía más el cambio. “No se centran y tienen poca capacidad para esperar. Van muy rápido, a lo superficial y no entienden lo que leen, tampoco los que son buenos alumnos. Les preguntas dónde sucede la historia y te responden que la semana pasada”. Este artículo termina aquí. Ya puede pasar a la siguiente tarea.”

Y si quieren complementar lo anterior, quedan estos links sobre lectura en libro físico vs lectura en digital:

http://justificaturespuesta.com/12-razones-leer-libros-formato-digital/

http://www.gestiopolis.com/libro-fisico-versus-libro-electronico/

 

Alejandro Melo-Florián MD, FACP

A piece of my mind:

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Link a google books: Cerebro, mente y conciencia. Un enfoque multidisciplinario

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